Un camino poco convencional para llegar a la NBA el del potencial número uno del draft

AJ Dybantsa, en acción con los Cougars de BYU
AJ Dybantsa, en acción con los Cougars de BYUChristopher Hook/Icon Sportswire / Newscom / Profimedia

Cuando AJ Dybantsa anunció su compromiso con BYU, la decisión sorprendió a gran parte del mundo del baloncesto. A pesar de recibir ofertas de becas de programas históricos, eligió a los Cougars en Provo. De inmediato, Dybantsa se convirtió en el recluta mejor valorado en la historia de la universidad.

Desde el primer momento en que llegó a Utah, dejó claras sus intenciones. No iba solo a formar parte de la historia, iba a escribirla. Se ha propuesto llevar a BYU a una temporada que marque un antes y un después.

"Cuando llegué por primera vez, no me lo creía porque miras fuera y hay montañas por todas partes. Es un lugar precioso para estar".

La mayoría de los novatos no llegan al campus hasta finales de agosto. AJ no quiso esperar. Se mudó a Provo a finales de abril. De hecho, en cuanto terminó su último trabajo del instituto, hizo las maletas y se fue a BYU. Ni siquiera asistió a su graduación y pidió que le enviaran el diploma por correo.

Dybantsa no quería perder el tiempo en verano. Prefirió empezar a tomar clases universitarias y entrenar con los preparadores de BYU. Si alguien le buscaba, solo podía encontrarle en dos sitios: el gimnasio o el aula.

"Mis entrenamientos de verano empezaban sobre las 7:30 de la mañana. Hacía pesas, entrenaba, iba a la sala de estudio y luego tenía clase sobre las tres de la tarde. Y repetía la rutina cada día", cuenta AJ.

Pasó la pretemporada puliendo su juego, mejorando sus finalizaciones cerca del aro, siendo más regular en el tiro de media distancia y perfeccionando su lanzamiento de tres puntos. Un anotador de tres niveles.

Todos los que rodean a Dybantsa saben que es un adicto al trabajo. Si alguien le critica, seguro que no es por falta de esfuerzo, ética o dedicación. Para él, el baloncesto lo es todo.

"La verdad es que no tengo otros hobbies”, reconoce Dybantsa. "No juego a videojuegos. Si no estoy jugando al baloncesto, estoy viendo baloncesto. Si pongo una serie de Netflix, me duermo. No puedo ver otra cosa".

Dybantsa creció en las afueras de Boston, siempre practicando deportes y entrenando con su padre. Pero no fue hasta la pandemia de COVID-19 en 2020 cuando se dio cuenta de lo mucho que amaba este deporte.

Con todo cerrado, el baloncesto fue lo único que se mantuvo. Dybantsa se volcó por completo. Durante ese verano de pandemia, además, pegó un estirón de 13 centímetros.

Cuando todo volvió a la normalidad y regresaron los partidos, Dybantsa ya no era el mismo. Se transformó en el alero prototipo de la NBA: 2,03 metros, atlético, fluido, elegante. Su envergadura superaba los 2,13 metros.

"Cuando volvieron los torneos, ya era más alto que todos. Tenía más recursos que los demás. Ahí me di cuenta de que tenía una oportunidad".

En su primer año de instituto, promedió 19,1 puntos, 9,8 rebotes y 2,5 tapones por partido. Fue elegido Jugador del Año Gatorade en Massachusetts.

Después se trasladó a Prolific Prep en Napa, California, donde pasó dos temporadas antes de terminar su etapa de instituto en Utah Prep, en Hurricane, Utah. Su último año no salió como esperaba: Utah Prep no logró clasificarse para el campeonato nacional.

Aun así, Dybantsa llegó al proceso de reclutamiento como el número uno del país, despertando el interés de potencias como Duke, Kansas, North Carolina y Kentucky.

En un principio, BYU no estaba entre sus opciones finales. El programa nunca ha llegado a una Final Four y, en el momento de su visita, los Cougars llevaban 15 años sin enviar un jugador a la NBA. Sobre el papel, no tenía sentido.

Pero una visita lo cambió todo. AJ se enamoró de BYU y decidió tomar un camino poco habitual: no solo formar parte de un gran programa, sino crear su propio legado y elevar el nivel del equipo.

"Si soy totalmente sincero, nunca me imaginé en BYU. No pensaba que iba a estar en Utah esta temporada", admite. Pero al final, eligió BYU por su cultura y el ambiente familiar que encontró allí.

"Sentí que estaba en casa cuando vine de visita. Pensé: 'No puedo dejar pasar esta oportunidad'". 

Un camino que para muchos no tenía sentido, pero para él era el correcto.

Quizá hubo otra influencia sutil. De pequeño, Dybantsa idolatraba a Kevin Durant. Las comparaciones —envergadura, fluidez, versatilidad anotadora— surgieron de forma natural.

Hace dos años, BYU contrató a Kevin Young como entrenador principal tras cuatro temporadas como asistente en los Phoenix Suns, donde trabajó mano a mano con Durant. Dybantsa quería saber más y decidió contactar con él.

Así que le escribió a KD. "Me dijo: 'Te va a gustar, así que haz la visita y mira cómo te sientes'".

Y su ídolo se convirtió en amigo y mentor. Durant le dio otro consejo clave: centrarse al máximo en sus objetivos. Tras la visita, AJ entendió rápido que BYU era el entorno ideal para lograrlo.

Para BYU, esto es un momento único en una generación. Tener un talento de este calibre defendiendo el azul marino y blanco es algo extraordinario.

Pero Dybantsa quiere abrir camino a futuros reclutas y poner a BYU en el mapa como un aspirante habitual. No le asusta el foco mediático.

"Está acostumbrado. Lleva en el radar desde octavo curso. Las cámaras, los medios, los micrófonos. Ya no le afecta. Y todo es porque mantiene la humildad", afirma su padre, Ace Dybantsa.

Su hijo se ha ganado de inmediato a la afición y al cuerpo técnico de BYU gracias a su ética de trabajo, su intensidad y su mentalidad de equipo. Y se nota.

BYU ocupa actualmente el puesto 19 en el ranking nacional, séptimo en una Big 12 repleta de equipos clasificados. Pero el equipo ha demostrado que puede competir con los mejores. Perdió ante Arizona por tres y siete puntos y logró una victoria ante Iowa State.

El objetivo es llegar en el mejor momento a marzo. Las expectativas de Dybantsa siguen siendo ambiciosas. "Queremos llegar a la Final Four... y luego jugar la final nacional. No queremos otra cosa. No nos conformamos con menos".

De media, la joven estrella suma 25,1 puntos, 6,8 rebotes y 3,8 asistencias por partido, con un 53% de acierto en tiros de campo y casi un 37% en triples. Lidera la nación en anotación y ha sido constante y fiable durante toda la temporada.

Dybantsa nunca se reserva y compite en ambos lados de la pista. Con 2,06 metros, es el sueño de cualquier equipo NBA. El jugador de Boston está proyectado como número uno del draft en junio.

"El objetivo final es llegar a la NBA, y si llegas a la NBA, puedes lograr lo que quieras", dice AJ. "¿Ser el número uno del draft? Tengo que conseguirlo". 

Tiene todas las herramientas para triunfar en el siguiente nivel y sigue trabajando en sus puntos débiles. Su camino no tiene nada de convencional. Y mientras se prepara para la NBA, también se mantiene centrado en el presente y en el reto inmediato: ganar en BYU.

"Quiero que me recuerden aquí como alguien que abrazó la cultura, que conectó con la afición. Pero en la pista, como un jugador que vino a ganar y ofreció un espectáculo emocionante".