No suelen servir los Libres 3 para sacar muchas conclusiones. La cercanía de la clasificación hace ir a los pilotos y escuderías con más calma, sin buscar los límites, sólo para probar ciertos ajustes de última hora, pero poco más. Y más en un circuito urbano, sin más escapatorias que chocar contra los muros, y donde cualquier accidente o avería puede complicar a los mecánicos de cara a lo que de verdad importa en el fin de semana: la clasificación y la carrera.
Jugando a los coches choque
Pero siempre hay alguno que se sale del tiesto, como Liam Lawson. El neozelandés, un verso suelto capaz de pisar a cualquiera para ganarse el sitio en la F1, ya la lió el viernes con un fuerte accidente y volvió a armar el taco el sábado. Apenas se llevaban 15 minutos de sesión cuando se subió a un piano, perdió el control de su RB y se estampó contra la pared para destrozar la mitad de su monoplaza. A ver si llega para la qualy. Y con qué confianza, claro.
Cuando retiraron el coche y las piezas que dejó en el asfalto, se reanudó la prueba con Norris como líder, seguido por los Williams de Albon y de Sainz. Alonso era último sin intentar aún una vuelta rápida. La mayoría de pilotos reservó los neumáticos blandos para los últimos minutos, cuando la pista se asemejaría algo más a las condiciones que habría en la clasificación.
Y ahí fue Verstappen quien consiguió marcar el mejor tiempo, 1:30.148, seguido por Russell y Norris. Sainz quedó sexto, mientras que Fernando Alonso se perdió en la zona media baja, 15º, sin buscar tiempos, pero bajando el suflé del extraordinario viernes que disfrutó con los Libres 1 y 2.
