Tras cuatro años difíciles marcados por dos temporadas caóticas en el Barcelona y un regreso al Atlético de Madrid con algunas complicaciones, ¿le sorprende el rendimiento de Antoine Griezmann en el Mundial?
No me sorprende la calidad de su juego, porque siempre la ha tenido, pero siempre he juzgado el estado de Antoine en función de su sonrisa. En el Barcelona no se le veía reír mucho, estaba más bien triste y preocupado. En el Atlético tenía una lesión que le molestaba mucho, pero ahora lo veo mucho más feliz. Y cuando sonríe, como hemos visto desde el principio de la competición, es cuando está en su mejor momento.
En sus últimas salidas antes del Mundial con Les Bleus, había dudas, tanto es así que su puesto en el once inicial ya no estaba garantizado e incluso podía jugar el Mundial como suplente para terminar los partidos. Y ahora, una vez más, es el eje del juego de la selección francesa.
Antoine siempre ha tenido sentido del juego, olfato de gol y calidad técnica para rematar las jugadas a balón parado, para centrar. Siempre ha sabido tomar la decisión correcta: aportar velocidad o hacer un quiebro o jugar en corto o en largo. Sabe atacar, pero también sabe defender y siempre ha jugado así. Es un jugador completo. Ha trabajado para mejorar. Entiendo el deseo de crear ídolos; Kylian Mbappé es un jugador extraordinario, ha hecho un gran Mundial, con goles, pero no es la figura emblemática de la competición. Un jugador importante, sí, pero no por encima de los demás. Antoine es muy bueno tomando decisiones sobre el terreno de juego, aunque se hable menos de él. Me encantaría que le concedieran el premio al mejor jugador del torneo, porque realmente se lo merece.
Haber permanecido a la sombra de Mbappé, ¿ha sido beneficioso para Griezmann a la hora de asumir este nuevo rol en el centro del campo, donde no se esperaba que jugara a un nivel tan alto?
Lo que Antoine ha conseguido durante este Mundial es impresionante, porque ha sentido el juego. Incluso cuando le ha tocado defender, lo ha hecho con mucha inteligencia. Un ejemplo es la segunda parte contra Inglaterra, cuando fue amonestado. Todo el mundo habla de Antoine y ve lo que hace. Estoy en un programa de radio en España y soy consciente de la imagen que está dando desde hace un mes. No importa quién gane la final, pero si pudiera ser elegido mejor jugador del torneo, sería merecido, porque ya en 2018, aunque Luka Modric fuera excepcional, Antoine se lo merecía. Jugar un segundo Mundial a este nivel y no ser recompensado sería bastante injusto.
Francia siempre ha brillado cuando ha tenido jugadores con una visión colectiva del juego: Raymond Kopa, Michel Platini o Zinedine Zidane. ¿Pertenece Griezmann a esa casta?
Ciertamente, pero todo lo que veo de Antoine no me sorprende. Siempre ha tenido esa capacidad de adaptación. Sabe jugar en todas partes: delantero, extremo izquierdo, extremo derecho, nueve y medio, o incluso más atrás para recuperar y distribuir. Ataca, defiende y toma decisiones: es completo. Lionel Messi y Mbappé fueron decisivos, y no me olvido de Hugo Lloris y Olivier Giroud, que desempeñaron papeles esenciales, aunque ninguno de ellos ha sido como Antoine.
¿Es esta diversidad en su juego el resultado de sus años de formación, cuando tuvo que ir a la Real Sociedad para encontrar el entorno adecuado a sus habilidades?
Siempre jugaba en el tercio final, porque tenía la capacidad de marcar la diferencia. Sin embargo, nunca tuvo miedo de defender, de estar uno contra uno, o de entrar en un duelo, aunque fuera el más pequeño, porque utilizaba su inteligencia. No tenía miedo de enfrentarse, de saltar para entorpecer a su oponente directo. Siempre tuvo este coraje, incluso en los pequeños combates de entrenamiento.
¿Alguna vez imaginó que un día jugaría una semifinal de la Copa del Mundo como defensa central?
(Risas) ¡Pero podría hacerlo! Si tiene que ayudar en un área débil, lo hace. No se cree que es otro y, además, sabemos que lo hará bien. Tiene todas las aptitudes futbolísticas para contribuir en todas las zonas del campo.
Ya sea en el área rival o en fases defensivas, Griezmann brilla a menudo por la sincronización de sus remates de cabeza, a pesar de que no es de gran envergadura.
Es innato en él, pero lo ha desarrollado. Recuerdo que después del entrenamiento lo perfeccionaba. Cogía el balón con uno, dos, tres pasos, con Claudio Bravo en la portería. Y a fuerza de repetir, repetir, repetir... También desarrolló el sentido de la anticipación, y se ve en la forma en que coloca el brazo para adelantarse o contener al adversario, para compensar su déficit de altura.
Deschamps y Griezmann comparten el mismo número en la camiseta de la selección francesa, el 7. Da la impresión de que el seleccionador se toma muy a pecho esta relación y la importancia del número, sin caer en la superstición. Este papel es el corazón de su juego.
Antoine siempre ha sido un jugador generoso, buen oyente y con ganas de trabajar para el equipo. Comprende que no siempre puede ser brillante y que, en ese caso, debe contribuir de otra manera, realizando otras tareas. Lo veo como un líder del juego y, aunque Lloris lleve el brazalete, para mí Antoine tiene todos los atributos de un capitán.
Cuando Griezmann se marchó al Barcelona, tuvo que aprender a jugar de otra manera, con menos libertad, ya que Messi desempeñaba allí el rol de jugador libre. No se adaptaba a su estilo de juego polivalente, era un jugador de más en ese papel.
Veo lo lejos que ha llegado Antoine desde que empezó y cómo ha evolucionado como jugador, pero también como hombre. Hablamos de su relación con Messi y con Suárez, pero el verdadero problema era el nivel del Barcelona. Dejó el Atlético porque, creo, necesitaba salir de su zona de confort. El fútbol también tiene que ver con cuestionarse a uno mismo, con la ambición, con los objetivos. No funcionó, pero no fue tan malo como la gente lo pinta. Pudo volver al Atlético, una de sus casas, para volver a ser importante y feliz, como vemos en la selección francesa con esta magnífica camiseta azul. Me llena de orgullo y alegría.
Cuando defiende con el Atlético, es la influencia de Simeone la que le obliga a ser más profundo, pero cuando lo hace con Les Bleus, parece el mejor jugador del mundo. ¿Es el torneo de Griezmann una forma de venganza contra el Cholismo de Simeone?
Este Mundial nos ha recordado que no hay una única manera de jugar al fútbol. Francia es capaz de jugar hacia delante, pero también sabe defender y contraatacar. Lo vimos contra Inglaterra y luego contra Marruecos. Argentina también tuvo que hacerlo. Por supuesto, hay estilos que son mejores que otros. Pero se puede ganar con cuatro atrás o con tres, con un delantero top o con dos o tres. Lo más importante es que el equipo esté convencido de lo que hace. Y esta fuerza de convicción es la gran virtud de Francia.
