Arbeloa, distante de Mourinho en su inicio como entrenador del Madrid

Arbeloa, Mourinho, Cristiano y José Callejón
Arbeloa, Mourinho, Cristiano y José CallejónFoto por CESAR MANSO / AFP

La jornada unificada de la Fase Liga en la Champions League sirve el reencuentro entre Álvaro Arbeloa y José Mourinho. El entrenador del Real Madrid formó parte de la guardia pretoriana del portugués en su estadía en Concha Espina, lo que lanza cábalas sobre si querrá seguir sus pasos.

¿No es cruel cómo hemos dejado de hablar de Xabi Alonso tan rápido? El estratega con el que el Real Madrid arrancó la temporada fue despedido después de su derrota en la final de la Supercopa de España y, apenas un par de semanas más tarde, las voces que rodean Concha Espina no le nombran. "Qué injusticia". "A mí me parece bien". "Había perdido al vestuario". "Tendrían que haberle dado más tiempo". "¿Pero no habéis visto lo que hizo en el Leverkusen?". Todos estos puntos de vista, válidos siempre que su expresión no falte al respeto, han sido desplazados por el calendario y barridos por los resultados. Álvaro Arbeloa lleva tres partidos al cargo del equipo y, con las dos victorias que ha cosechado, las más recientes, ha empezado a ser quien concentra el eco de las voces: ¿qué clase de entrenador es?

Como a cualquier exfutbolista, se radiografía su carrera para conocer sus inquietudes. Trabajó bajo las órdenes de Juan Ramón López Caro, Mariano García Remón, Vanderlei Luxemburgo, Miguel Ángel Portugal -etapa 'merengue'-, Joaquín Caparrós -Deportivo de La Coruña-, Rafa Benítez -Liverpool-, Manuel Pellegrini, José Mourinho, Carlo Ancelotti, Rafa Benítez de nuevo, Zinedine Zidane -segunda estadía blanca- y Slaven Bilic -West Ham United-. Quien más le marcó es 'The Special One', a quien ha rendido pleitesía en cada ocasión en que ha tenido oportunidad. Las postreras son sus ruedas de prensa. En una de ellas, le preguntaron si no se sintió aludido ante unas palabras -"me sorprende que los mejores clubes del mundo estén dirigidos por entrenadores sin historia"- del portugués. Respondió: "Cuando un entrenador con esa historia habla, yo siempre intento escuchar y analizarlo".

Vestido de corto, le escuchó y le analizó desde el principio de la temporada 2010-11 hasta el final de la 2012-13. Era uno de sus hombres de confianza. Salió como titular en 119 encuentros de los 136 en que participó. Con uno de los puntos más candentes de la rivalidad con el Barcelona como telón de fondo por la coincidencia con Pep Guardiola, venció a los 'culés' cinco veces, se vio superado por ellos tres y les empató cinco. Solo se quedó sin saltar al césped, en convocatoria, en dos 'Clásicos' de ese periodo, una caída y unas tablas. En otras palabras, salió triunfante de la intrahistoria más importante que escribió el portugués, la que cargó la tinta de infinidad de bolígrafos que contaron cómo los cruces entre la capital y la Ciudad Condal se recrudecían más que nunca. Es un contexto crucial para comprender por qué interiorizó tan firmemente la mentalidad del luso: lo hizo en situaciones de máxima tensión y le funcionó.

Pero ¿hasta qué punto esto influye en su perfil como técnico? Sería frívolo dispensar una conclusión tan pronto. De momento, Álvaro Arbeloa tan solo ha sumado tres muescas a su registro de partidos dirigidos en la élite. El resto corresponde a las categorías inferiores del Real Madrid. Lo que sí que ha permitido atisbar a la crítica es que apuesta por una defensa a ultranza de sus futbolistas, un estilo que, si bien coincide con el de su mentor, asimismo con el de muchos otros. Su corsé táctico, por ahora, no es apretado. Concede libertad de actuación a los suyos para que desplieguen la calidad de la que está convencido que atesoran y que interpreta fundamental para el éxito. Se decanta más por el talento libre que por acotarlo a un plan. Lo comprende potencialmente lesivo para la expresión de sus 'cracks'.

Un enfoque así de versátil debería desligarse del orden atrás y el juego directo que imprimía José Mourinho... o no. En principio, el primer aspecto apunta a no acompañar tan claramente al actual técnico 'merengue', en tanto que el segundo sí que adquiere relieve al prever que ha dado vía libre a sus zagueros y sus centrocampistas a acelerar el ritmo de la pelota si sus velocistas esbozan un 'sprint'. También hay que tener en cuenta que el ahora entrenador del Benfica se ha asentado como un exponente de la estrechez y el bloque bajo, en gran medida, porque retó al Barça de Guardiola, cuya traslación de la pizarra a la hierba se basaba en la posesión perpetua del balón, lo que subraya más intensamente toda diferencia. Otro condicionante es la vitola de favorito con la que el equipo del Santiago Bernabéu suele presentarse a sus compromisos. ¿Jugará igual contra los 'underdogs' que contra los grandes, esos que le tutearán?

Su reencuentro promete tensión

Álvaro Arbeloa y José Mourinho se estrecharán la mano entre los banquillos del Estádio da Luz. De fondo, sonarán tambores de guerra. El madridista necesita los tres puntos para afianzar la idea de que el despido de Xabi Alonso es un capítulo que hay que superar y que el foco ha de situarse, ahora, en ganar la Champions League y la Liga. El 'encarnado' está eliminado de la UCL por ahora y precisa de la victoria para apurar sus opciones de colarse en el 'play off' previo a los octavos de final. Es una hoja previa de las que gustan a 'The Special One' y de las que exprimen su versión más afilada. Uno de los puntos de interés del duelo, de hecho, es estudiar su comportamiento frente a un club y una institución a los que siempre ha declarado amor. Sus rasgos competitivos no se discuten, pero ¿saldrán a relucir los más sarcásticos, los más irónicos, los que son caramelo para el espectador?

La platea animará cualquier gesto de su líder, lo que da cierta ventaja psicológica y moral a los portugueses, que son los anfitriones. Los dos triunfos que los visitantes han contabilizado desde que sus chándales cambiaron de iniciales han sido en casa: el desplazamiento al país vecino emerge como una prueba de fuego. Lo ideal para los 'merengues' cristalizaría en un gol que no pida demasiadas ocasiones y en una línea de atrás que contenga sin fisuras. Raúl Asencio y Dean Huijsen darán trabajo a los realizadores televisivos. El canterano fruncirá más ceños que nunca si no corrige algunas decisiones en la porfía por la pelota de las que ha salido perjudicado por su arrojo, a veces excesivo. Este saber hacer más subterráneo es una especialidad de la casa en la pizarra contraria. ¿Le habrán estudiado en ese sentido?

Lo que ocurra en el campo, para mayor ebullición, estará condicionado por lo que pase fuera. La jornada es unificada y los lusos han de mirar a otros marcadores, si bien partirán de la base de que, como mínimo, tienen que ganar. Basta con echar un vistazo a la clasificación de la máxima competición europea para atestiguarlo. Téngase en cuenta que, desde el cambio de formato que acabó con los grupos, la diferencia de goles es el principal criterio de desempate. Las posibilidades se multiplican alrededor de un -4 que se emplaza en una suerte de punto medio entre guarismos bastante menos halagüeños (el -6 del Copenhague) y otros que complican el triunfo en caso de que las espadas queden en todo lo alto (el +1 del PSV). Los españoles, por su parte, ya son conscientes de que no serán líderes. También de que un acceso a través de la segunda plaza sería muy celebrado.

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