Cuando Xavi Hernández salió por la puerta de atrás del Barça, las dudas en torno a una plantilla con veteranos que parecían ya de vuelta y con jóvenes demasiado inexpertos eran preocupantes. Pero llegó Flick, reactivó y convenció a los Raphinha, Lewandowski o De Jong, y le dio más cuerda aún a los Lamine Yamal, Fermín o Cubarsí para comenzar a ganar, ganar y volver a ganar.
Lo ha hecho ya en cinco ocasiones. En su temporada de debut conquistó LaLiga, la Copa del Rey y la Supercopa de España. Todas ellas derrotando a su eterno enemigo, con partidos inolvidables y que quedarán en la memoria de los culés, como el 2-5 de su primer título, el de la Supercopa en Yeda. Y en esta su segunda campaña al frente del banquillo blaugrana, ha levantado otros dos más: su segunda Supercopa, otra vez venciendo al Madrid por 3-2, y su segunda Liga.
Un concepto de juego de ataque total
Su estilo ofensivo, con la defensa colocada habitualmente en la línea medular para permitir a sus delanteros realizar una presión en bloque alto, ha sido una de sus señas de identidad. Mucho riesgo, quizás demasiado, pero que le ha salido de maravilla en las competiciones españolas.
Sin embargo, hay algunos expertos que consideran que con un sistema así nunca podrá ganar una Champions. De momento, se quedó en semifinales en su primer intento, eliminado por el Inter, y en cuartos en el segundo, con el Atlético de Madrid como verdugo.
Pero Hansi Flick confía en su sistema y en su idea. Sigue jugando con extremos, como se ha hecho toda la vida, sobre todo desde Cruyff, en Can Barça. Aunque ha sabido hacer evolucionar la idea del tiki-taka, el juego de toque y asociaciones cortas, para dotarle de mayor verticalidad, incluso a costa de renunciar a un 4-3-3 para dibujar un 4-2-3-1.
En cualquier caso, ha convertido al Barça en una máquina ganadora, que golea (una media de 2,6 goles por encuentro) y que apenas encaja (0,91 de media), con ese único lunar de Europa, pero que ha levantado ya cinco títulos en los dos años que lleva.
