Fatemeh Pasandideh y Atefeh Ramezanisadeh formaban parte de una delegación iraní de siete deportistas que solicitaron asilo tras negarse a cantar el himno durante su partido inaugural de la Copa Asiática Femenina en marzo.
Cinco de ellas finalmente retiraron sus solicitudes y regresaron a Irán con sus compañeras de equipo.
Activistas de derechos humanos acusaron a las autoridades iraníes de haber ejercido presión sobre sus familias, en particular al citar a sus padres a interrogatorios.
Solo Pasandideh y Ramezanisadeh se quedaron en Australia y el miércoles se les otorgó la ciudadanía en una ceremonia en presencia del ministro del Interior, Tony Burke.
"Ayer fue para mí un día realmente especial e inolvidable. Me siento orgullosa y profundamente agradecida de haberme convertido en ciudadana australiana", aseguró Atefeh en un comunicado.
Unas son "hijas de la patria"; otras, traidoras
"Después de todo lo que hemos pasado y todos los desafíos a los que hemos tenido que enfrentarnos, este momento tiene un significado que las palabras no bastan para expresar", agregó Fatemeh.
La situación de las demás integrantes del equipo iraní sigue siendo incierta desde su regreso al país.

Reporteros de la AFP las vieron cruzar la frontera hacia su país natal desde Turquía a bordo de un autobús. Vestían la equipación de la selección nacional y llevaban el pelo cubierto.
Poco después, el presidente del Parlamento de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, aseguró en la red social X que las jugadoras eran "las hijas de la patria" y que el pueblo las recibía "con los brazos abiertos".
