Si lo que buscaba Florentino Pérez con el cambio de Xabi Alonso por Álvaro Arbeloa era una reacción, el tiro le ha salido por la culata después de ver cómo ha perdido dos competiciones en el intervalo de 72 horas.
El domingo 11 de enero, sobre las 22 horas, Carreras fallaba un gol clarísimo, a dos metros de la portería azulgrana, sin oposición alguna y con todo el tiempo del mundo para elegir dónde colocar el balón. A cualquier lado menos rasa y al centro. Allá que fue su disparo para jolgorio de Joan García y de todo el barcelonismo. Un minuto después tendría Asencio la oportunidad de ganarse definitivamente al madridismo, pero su inapelable remate de cabeza lo envió... al muñeco del meta azulgrana.
En ese momento, Xabi Alonso ya estaba sentenciado. Menos de 24 horas después, el tolosarra ya no era el entrenador del Real Madrid, que nombraba a su amigo Álvaro Arbeloa en su lugar. El estreno del hasta entonces técnico del Castilla, este miércoles 14 de enero, no ha podido ser peor: poco antes de las 23 horas, eliminado de la Copa del Rey en octavos de final por un Albacete que está sufriendo en Segunda división, a un solo punto de caer en descenso.
La crisis blanca amenaza con ser muy profunda. Porque comenzar ya con este déficit no va a ser sencillo para el novel técnico, que va a sufrir aún más presión si cabe como los resultados y el juego no sean convincentes. Ya sólo le quedan LaLiga y la Champions. Si consigue alguna, este inicio lo mismo queda en anecdótico, pero el hándicap que ya tiene es importante después de que el Madrid haya perdido dos títulos en tres días.
