Tres partidos como suplente, apenas 57 minutos sobre el terreno de juego, sin haber realizado una pretemporada en condiciones, llegando tarde a un equipo nuevo, con una competencia brutal y con la presión de haber costado 120 millones de euros. Aún es pronto, se puede decir, para juzgar a Yan Diomandé.
Pero lo cierto es que las sensaciones que ha dejado hasta el momento no han sido muy positivas. Los números, es evidente con tan poco rodaje, no pueden ser muy altos. Apenas ocho pases de 10 dados con éxito en el último tercio, cuatro duelos ganados de siete, tres regates completados de cinco intentados o un 0.11 de asistencias esperadas.

Más allá de eso, sin embargo, a Diomandé no se le ve aún físicamente en el tono que requiere para elevar su nivel de juego. Aunque tampoco se le ve integrado en la dinámica ofensiva del equipo blanco. Ante el Málaga, por ejemplo, en el 4-0, Güler progresa conduciendo el balón hasta llegar al área y Vini acompaña la acción hasta que recibe, gana la línea de fondo y encuentra de nuevo al turco para que éste solo tenga que empujarlo. ¿Y dónde estaba Diomandé? Había dimitido de la jugada en el comienzo.
Antes había tenido la posibilidad de disparar a puerta desde la frontal. Era tiro sin oposición, le llegaba además a la pierna derecha... pero prefirió un pase interior muy complicado a Mbappé.
Hay que insistir en que ha sido un verano complicado, que lleva menos de un mes entrenando con sus compañeros, pero de momento, ese 'feeling' de gran estrella, esa acción que haga levantarse de sus asientos a sus aficionados, ese gol que haga retumbar las palmas no ha llegado. Ni siquiera con el marcador a favor y en un partido sencillo.

