Varios expertos consultados por la AFP enmarcan este paso atrás en una reorientación de las prioridades del reino hacia gastos menos extravagantes.
LIV, financiado por el fondo soberano de Arabia Saudí (PIF), que fichó a varias estrellas sumiendo al mundo del golf en una de sus mayores crisis, ayudó a impulsar la imagen del reino conservador, uno de sus objetivos principales, según los expertos.
"(El interés de) Arabia Saudí por el deporte no se está enfriando", declaró a la AFP Simon Chadwick, profesor de deporte afro-euroasiático en la Escuela de Negocios Emlyon de Shanghái.
"Está evaluando el trabajo realizado hasta ahora (...) lo que ha funcionado (o no ha funcionado). La trayectoria sigue siendo la misma", puntualiza.
El Fondo de Inversión Pública (PIF) ha invertido fuertes sumas en el deporte para mejorar la imagen global de Arabia Saudí, atrayendo a superestrellas del fútbol como Cristiano Ronaldo.
Posteriormente, el país logró ser elegido para organizar el para el Mundial de fútbol 2034.
Una política de "blanqueo de imagen a través del deportes" (lo que en inglés se conoce como 'sportwashing') criticada sobre todo por activistas pro derechos humanos, que denuncian políticas ultraconservadoras de este reino.
La monarquía del Golfo, mayor exportador mundial de crudo, que canaliza su riqueza petrolera a través del PIF, aspira a diversificar su cartera económica fomentando el turismo, los negocios y el gasto interno, para protegerse así de la caída prevista en la demanda de combustibles fósiles.
"Quizá los planes de Arabia Saudí fueran demasiado grandiosos desde el principio, pero, del mismo modo, algunos promotores y oportunistas del deporte mundial han intentado aprovecharse del gasto del país en deportes", explica Chadwick.
Cheque en blanco
LIV (54 en números romanos), financiado por el PIF, prometió transformar el golf cuando debutó en 2022 implantando los 54 hoyos (en lugar de los tradicionales cuatro recorridos con 72 hoyos en total), con música de baile en el campo y estrellas como Jon Rahm, Dustin Johnson y Phil Mickelson con contratos estratosféricos.
Pero no logró destronar al circuito PGA —las conversaciones con vistas a una fusión no llegaron a buen puerto— ni conseguir un contrato de retransmisión importante ni conquistar al público.
El interés del país por el deporte no se centró solo en el golf: el PIF adquirió el club de fútbol inglés Newcastle United aproximadamente al mismo tiempo, el Gran Premio de Fórmula 1 de Arabia Saudí comenzó dos meses después y CR7 llegó con un enorme despliegue mediático en enero de 2023, seguido por otras estrellas mundiales como Neymar o Benzema.
"Esa fase consistía principalmente en ganar visibilidad y posicionar a Arabia Saudí como un actor global de primer orden", declaró a la AFP Amro Elserty, analista de deportes y asuntos de Oriente Medio radicado en Francia.
Hoy, "lo que ha cambiado no es que ese objetivo haya desaparecido, sino que la cantidad del gasto en un solo proyecto ha disminuido".
La nueva fase incluye recortes más allá de LIV. La Saudi Pro League, que antes ofrecía cheques en blanco para los futbolistas veteranos, ha reducido sus grandes fichajes, y el PIF vendió el mes pasado una participación mayoritaria en el Al Hilal, uno de los principales clubes saudíes, en el que juega, entre otros, el antiguo Balón de Oro francés Karim Benzema.
El PIF "dejó claro desde el principio que el apoyo financiero a la liga saudita no sería eterno", afirmó Amir Abdelhalim, analista egipcio de fútbol.
Desaceleración general
Mientras tanto, las Finales de la WTA, que reúnen a las ocho mejores tenistas del mundo, celebrarán a finales de año su tercera y última edición en Arabia Saudí.
La desaceleración en el ámbito deportivo es coherente con los recortes en otros proyectos, como complejos turísticos y NEOM, una futurista nueva ciudad valorada en 500.000 millones de dólares.
Elserty dijo que abandonar LIV, el proyecto del gobernador del PIF y aficionado al golf Yasir Al-Rumayyan, conlleva un "impacto reputacional, pero es poco probable que internamente se considere un revés importante".
Según Chadwick, "los observadores y críticos son las personas que han convertido la supuesta desinversión deportiva en un melodrama".
