En el tablero de la Copa Davis, donde cada bola pesa como una sentencia y el cronómetro parece medir no solo puntos sino destinos, Perú ya conoce su próximo desafío: enfrentar a Alemania por la ronda de qualifiers de la edición 2026 de la competición más emblemática del tenis por naciones. El sorteo, celebrado recientemente por la Federación Internacional de Tenis, deparó este duelo en Düsseldorf, un choque donde tradición, jerarquía y expectativas se cruzan en un mismo punto de inicio.
Alemania, país anfitrión, se presenta como un rival de alta exigencia. Aunque no contará con su máxima figura —Alexander Zverev— su escuadra mantiene potencia con nombres sólidos dentro del circuito, como Jan-Lennard Struff y Yannick Hanfmann, jugadores capaces de inclinar la balanza en el polvo de ladrillo o canchas rápidas por igual.
Durante las últimas semanas, el equipo peruano, dirigido por Luis Horna, ha trabajado con atención al detalle. La preparación no ha sido un mero trámite porque el cruce con Alemania es más que una serie de partidos: es una oportunidad para demostrar que el tenis nacional ha madurado y que su lugar en el espectro internacional ya no es una ilusión.
Pero quizás la noticia más sorpresiva de este sorteo tuvo menos que ver con las raquetas rivales y más con la estrategia interna del equipo nacional: Ignacio Buse jugará únicamente en dobles, según lo confirmó el comando técnico. Esta decisión, inusual cuando se trata de la raqueta más alta del equipo peruano, no solo genera conversación sino que también obliga a repensar el dibujo de la serie desde una lógica táctica más compleja y colaborativa.
Buse, que alcanzó el top 100 del ranking ATP recientemente —ubicándose en el puesto 98 del mundo— llega con un presente sólido después de lo que fue una temporada donde consolidó su nivel en el tour y recuperó su forma tras una lesión en el talón de Aquiles.
El nacido en Lima ha sido desde hace años la principal carta de Perú en este certamen. Su participación en singles ha sido dejada a un lado por el cuerpo técnico para privilegiar una dupla que pueda equilibrar fuerzas ante el poderío germano en los singles individuales. Esta apuesta es audaz, porque implica renunciar —al menos en las primeras jornadas— a la posibilidad de que Buse sume puntos individuales que ayuden a abrir ventaja para Perú. Pero también habla de una lectura estratégica más amplia: Alemania puede hacer daño temprano en singles, y un buen resultado en dobles puede ser el puente para sostener la serie.
Los peruanos no llegan a este cruce como principiantes. La victoria ante Portugal en la Copa Davis 2025, donde Buse y Gonzalo Bueno, entre otros, consiguieron el pase a los qualifiers, es una prueba de que la selección ha levantado un nivel competitivo palpable.
Si algo ha demostrado la Davis es que los partidos se definen en momentos —a veces breves, a veces mínimamente perceptibles— donde la concentración se mide en centésimas de segundo y la energía se esconde en el susurro de un saque. Frente a Alemania, Perú tendrá que encontrar esos instantes en medio de un contexto que obliga al equipo a ser más inteligente que agresivo, más paciente que impetuoso.
Y en esa ecuación, el papel de Ignacio Buse en dobles puede resultar trascendental. Porque, en Copa Davis, el doble no es un complemento. Muchas veces, es el acto que define la serie.
Perú lo sabe. Alemania también.
Y cuando la pelota está en el aire, no hay sorteo ni ranking que valga: solo hay puntos por jugar, y una sensación de oportunidad que gana vida en cada golpe.
