Pérdidas de tiempo, errores tácticos, ritmo impuesto: así se volvió malo el Arsenal

Pérdidas de tiempo, errores tácticos, ritmo impuesto: cómo el Arsenal se volvió malo
Pérdidas de tiempo, errores tácticos, ritmo impuesto: cómo el Arsenal se volvió maloREUTERS/Tony O Brien

Han aprendido a jugar dentro de los límites del juego. No traicionando el juego, sino entendiéndolo mejor que nadie. Reglas explotadas, zonas grises habitadas, segundos arrebatados: a lo largo de las temporadas, el Arsenal ha experimentado una silenciosa transformación táctica. El 30 de mayo, en Budapest, podría ofrecerles su primera Liga de Campeones.

Los Gunners enseñan los dientes. Lejos del imaginario colectivo que se aferra a la piel del equipo londinense, el equipo de Arteta ha revelado esta temporada una faceta de su juego que durante mucho tiempo se había pasado por alto desde la llegada del español al banquillo. Si bien el Arsenal se ha caracterizado durante varias temporadas por ser una versión sofisticada del fútbol posicional -se le considera uno de los discípulos más fieles de Guardiola-, el club ha ido evolucionando hacia un juego mucho más pragmático.

Primero con la explotación metódica del balón parado, erigido en arma central del proyecto, y luego, poco a poco, con el desarrollo de un fútbol "sucio" que no ha dejado de provocar reacciones en Inglaterra, donde ciertos medios ya no dudan en hablar de un equipo a punto de hacer trampas. Hoy en día, el Arsenal es uno de los mejores equipos defensivos de Europa -concede muy pocos goles- y posee una temible eficacia a balón parado que se ha convertido, con el paso de los meses, en la auténtica firma del club londinense.

Pero eso sería saber demasiado poco de fútbol. Sí, este deporte permite jugar según las reglas, y el Arsenal lo sabe. O al menos las lleva al límite. Gestión del tiempo, búsqueda de faltas en zonas predefinidas, intervenciones tácticas para romper las transiciones rivales: el proyecto extravagante de los primeros años de Arteta, el de los Baby Gunners enamorados del deporte rey, ha evolucionado hacia algo más pragmático, más calculado. Bienvenidos a la era de los Bad Gunners.

El arte de ralentizar el fútbol en la era de la aceleración

Si hay algo que el Arsenal ha establecido como disciplina esta temporada es perder tiempo cuando es necesario. Es una estrategia que, lejos de ser anecdótica, les ha permitido ganar su primer título de la Premier League en 22 años. Reconocido por sus dotes técnicas y tácticas desde hace varias temporadas, Arteta ha tomado la paradójica decisión de combinar el juego posicional con el pragmatismo más asertivo: jugar literalmente con las reglas del juego.

Una vez detenido el juego, los Gunners no tuvieron ninguna prisa por reanudarlo. Apartaron el balón y retrasaron deliberadamente los saques de banda. Estos gestos aparentemente inocuos son precisamente su punto fuerte. Situado en el puesto 30º en cuanto a tiempo de juego efectivo en la Liga de Campeones, el club londinense sabe perfectamente a lo que se enfrenta, y asume toda la responsabilidad.

Donde el fútbol moderno busca acelerar, presionar, encadenar secuencias de alta intensidad, el Arsenal opta por ralentizar y sacar el máximo partido de ello. La paradoja es evidente: para un equipo dominante, la solución es jugar menos. Pero detrás de esta lógica contraintuitiva se esconde una verdad simple: controlar el ritmo significa imponer el tuyo. Nunca hay que aguantarse.

Y cuando Diego Simeone -el aguafiestas- se encontró con su propio juego en el Emirates, contra un equipo que ha hecho de la ruptura del ritmo uno de sus principios rectores, el Cholo se vio desbordado. Los jugadores del Atlético parecían descolocados, incapaces de entender lo que les estaba pasando. Koke, un profesional curtido en el arte de ralentizar el juego, fue derrotado en su propio terreno.

34 goles: un número que cuenta una historia

Pero cuando sonó el pitido final, el argentino se apresuró a asumir su responsabilidad en lugar de lamentarse. Reconociendo que las tácticas dilatorias son parte integrante del fútbol, rindió un sincero homenaje a su rival: "Es parte del fútbol. Todos sabemos que en los últimos minutos quieres que el tiempo vuele. El trabajo de Arteta es increíble, y tienen los recursos para hacer lo que se proponen. Me alegro por ellos, se lo merecen, lo han hecho muy bien".

El pasado mes de marzo, justo después del Arsenal-Brighton, The Athletic reveló una cifra edificante: los Gunners habían empleado 30 minutos y 51 segundos en volver a poner el balón en juego. Una eternidad. Y al final: victoria por 1-0. En detalle, los ejemplos hablan por sí solos: Declan Rice esperó 62 segundos antes de lanzar una falta, y 69 segundos para lanzar otra. Cristhian Mosquera tardó 44 segundos desde que salió el balón hasta que lo envió dentro desde seis metros. El primer córner del Arsenal no llegó hasta el minuto 63, y tardó más de un minuto en lanzarse, lo que confirma su media de Opta de 44,5 segundos por córner, la más alta de la Premier League.

38 goles marcados a balón parado esta temporada. Es una cifra mareante que sitúa al Arsenal en lo más alto de la jerarquía europea, una posición que pocos discutirían hoy en día. Pero lo que realmente diferencia a los Gunners del resto de especialistas en este ejercicio no es sólo la calidad de sus lanzadores o la precisión de sus rutinas: es la intención que precede al resultado. El Arsenal no remata a balón parado. El Arsenal las provoca.

Todo está pensado, calibrado y ensayado en los entrenamientos para llevar el partido a un terreno en el que los hombres de Arteta sobresalen. No es casualidad, además, que el Arsenal sea uno de los equipos que más tiempo dedica a atacar a balón parado en la Liga de Campeones. Estas situaciones no son una consecuencia feliz del juego, sino que representan un destino que el club se esfuerza metódicamente por alcanzar.

Daniel Siebert, la otra variable del partido

La otra cara de este sistema, menos espectacular, pero igual de reveladora, se refiere a la gestión de las transiciones defensivas. Contra los mejores equipos de Europa, el Arsenal es uno de esos conjuntos que comete cada vez más errores tácticos tras perder el balón. El objetivo es claro: sofocar el contraataque antes de que cobre impulso, romper el ritmo, eliminar cualquier ímpetu emocional del rival y permitir que el bloque se reorganice antes de que el peligro sea real. Así es también como toda Europa les considera la mejor defensa de la Champions.

Los errores son deliberados, asumidos y calculados. Una vulnerabilidad momentánea transformada en una pausa táctica. Una idea incómoda para el rival, pero perfectamente integrada en el plan del Arsenal. Detrás de cada pitido en este contexto se esconde un pequeño acto de recuperación del partido. Arteta sabe perfectamente a qué juega su equipo. Y ésa es quizá su mayor virtud.

Pero en un juego en el que se puede calcular cada contacto, sigue habiendo una variable que escapa al control de Arteta: el hombre del silbato. Porque jugar con las reglas también implica una simple realidad: alguien decide dónde está el límite entre ambos. Y ese límite, el 30 de mayo en Budapest, tendrá la siguiente cara: la del árbitro alemán Daniel Siebert. La UEFA ha designado a este colegiado de 42 años para arbitrar la final entre el Arsenal y el PSG. Será su tercer partido de Liga de Campeones con los Gunners esta temporada.

Dirigió la ida de los cuartos de final contra el Sporting de Portugal y la vuelta de las semifinales contra el Atlético de Madrid, ambos cruces saldados con la clasificación londinense. Su arbitraje contra el Atlético suscitó duras críticas de algunos medios de comunicación madrileños a raíz de varias decisiones discutidas. Un detalle que no tiene nada de secundario. Porque cuando un equipo basa parte de su identidad en el dominio de las zonas grises del juego, leer al árbitro se convierte casi en un componente táctico en sí mismo.

Pablo Gallego - Redactor jefe de noticias
Pablo Gallego - Redactor jefe de noticiasFlashscore France