Entre sus preocupaciones, que el médico jefe del Arsenal "nunca había visto una fractura por estrés en esa parte del pie" después de "30 años en el oficio" y que entre cinco especialistas "ninguno sabía cómo me recuperaría o si lo haría". Fue entonces cuando recordó el atentado cometido por Sergej Wenergold, quien detonó tres artefactos explosivos al paso del autobús del Borussia Dortmund cuando se dirigía a jugar un partido de Champions contra el Mónaco. Salieron heridos un policía, que nunca volvió a trabajar, y Marc Bartra. Su compañero de asiento habitual... menos ese día.
"Debo tener un ángel de la guarda en el hombro porque tengo verdadera suerte de estar vivo", cuenta Mikel Merino. "Hubo un ruido ensordecedor y recuerdo sentir que el autobús casi se vuelca. Miré detrás de mí y vi sangre en el suelo. Humo, gritos. Recuerdo estar en el hospital esperando esa noche a Bartra, que se había hecho un corte terrible en la muñeca. Al día siguiente me dijeron que una pieza enorme de metralla se había quedado clavada en el reposacabezas del asiento junto a Marc. Mi sitio de siempre. Pero ese día, el asiento estaba vacío".

Aquel recuerdo le hizo reaccionar. "Ese día sentía que tenía las piernas demasiado apretadasy como los asientos de delante se podían echar para atrás, decidí sentarme allí. Aquello seguramente me salvó la vida. Así que sí, tengo la creencia de que las cosas ocurren por algo. Por ello, al final pensé: 'No, tengo que jugar. Estaré en el Mundial cueste lo que cueste'". Y así comenzó un proceso que al final permitió a Mikel Merino llegar a Norteamérica 2026, marcar contra Portugal y Bélgica y ayudar a España a ganar su segundo Mundial.
