Leyenda de leyendas
Cruyff vistió las camisetas de varios clubes durante su activa carrera como jugador, pero sus mejores años los pasó en el Ajax y el Barcelona. Ganador del Balón de Oro en 1971, 1973 y 1974, conquistó un gran número de trofeos y se convirtió en un símbolo del llamado Fútbol Total del emblemático entrenador Rinus Michels. Y puesto que sus logros en el fútbol de clubes son bien conocidos por el público, las siguientes líneas estarán dedicadas a su carrera como como internacional, un capítulo que no fue ni mucho menos tan brillante.
El pariente pobre
Los Oranjes llevan muchos años siendo una de las grandes favoritas para la Copa Mundial o la Eurocopa. Es una selección a la que siempre hay que tener en cuenta. En el pasado, sin embargo, no fue así. De hecho, antes de la generación de Cruyff, Holanda no figuraba entre las superpotencias futbolísticas del mundo y sus éxitos en los grandes torneos eran muy limitados.
Los Tulipanes, por ejemplo, no se clasificaron para la Copa Mundial en 1950, 1954, 1958, 1962, 1966 ni 1970, y tampoco desempeñaron un papel importante en los torneos europeos. El fútbol internacional estaba dominado principalmente por países como Brasil, Italia, Alemania o Inglaterra, mientras que los Países Bajos eran considerados outsiders.
Fútbol total
La situación empezó a cambiar a finales de los 60 y principios de los 70, cuando surgió una generación de jugadores de gran talento en torno a Cruyff. Bajo la dirección del entrenador Rinus Michels, el equipo empezó a jugar un estilo moderno y muy dinámico llamado Fútbol Total. Este sistema se basaba en el movimiento constante de los jugadores, el cambio de posiciones y el pressing colectivo. Cruyff era el principal organizador sobre el terreno de juego: era capaz de controlar el ritmo del partido, crear ocasiones y finalizar las acciones.
Sin embargo, la influencia de Cruyff también radicó en el cambio general de mentalidad de los jugadores oranje. En la figura de su capitán, tenían un líder natural que imponía un alto nivel técnico y un estilo de juego seguro de sí mismo, literalmente descarado, incluso contra gigantes del fútbol. Su aportación contribuyó a dar forma a la identidad general del fútbol holandés, con su énfasis en la creatividad y el fútbol vistoso.
La edad de oro de esta revolución llegó en el campeonato de Alemania Occidental de 1974. De la mano de Cruyff, Holanda se abrió camino hasta la final, donde no pudo con el equipo local. Sin embargo, la selección se convirtió en el blanco de la admiración mundial. Cruyff marcó tres goles y dio tres asistencias, lo que le valió el premio al mejor jugador del campeonato.
Jugó un total de 48 partidos con la selección, marcando 33 goles, y su importancia se hace más evidente en el hecho de que los Oranjes nunca perdieron un partido en el que Cruyff marcara. Quedaron terceros en la Eurocopa de Yugoslavia 1976, pero su mayor estrella no jugó el último partido porque estaba pendiente de una operación de rodilla.
El torneo acabó entrando con letras de oro en la historia del fútbol checoslovaco, ya que el equipo de Vaclav Jezek se impuso primero a la mencionada Holanda por 3-1 en semifinales y luego humilló a Alemania Occidental en la final.
El final, a la sombra del miedo
Aunque el título seguía sin llegar, los holandeses eran optimistas, pues la selección se había transformado en los últimos años en el coco de las defensas de todos los rivales. Sin embargo, Cruyff decidió dimitir en 1977, justo un año antes del último torneo en Argentina, a pesar de haber contribuido a la clasificación de Holanda para el Mundial.
Inmediatamente se desataron las especulaciones. Algunos decían que se trataba de una protesta política silenciosa porque Argentina era una dictadura en aquel momento, mientras que otros afirmaban que su mujer le convenció para que no participara. También hubo una supuesta disputa con el sindicato sobre las recompensas económicas. Cruyff rompió finalmente su silencio en 2008, cuando declaró en una entrevista que el motivo de su no participación fue el intento de secuestro de su familia, que tuvo lugar en Barcelona el año anterior al Mundial.
Varios delincuentes irrumpieron en su casa y les ataron a él y a su mujer bajo amenaza de dispararles. Sus hijos tuvieron que verlo todo. Al final, consiguió escapar. El desarrollo exacto de la fuga no está documentado en detalle, ya que el propio Cruyff nunca lo explicó con precisión. Sin embargo, el incidente cambió su visión de la vida y decidió no viajar al Campeonato del Mundo.
"Los niños iban al colegio acompañados por la policía. Los policías durmieron con nosotros durante tres o cuatro meses. Yo iba a los partidos con guardaespaldas. Todas estas cosas te cambian la perspectiva de muchas cosas. Hay momentos en la vida en los que afloran otros valores", reveló. Posteriormente, también dejó el Barcelona.
Aunque sólo sea
Sin su mayor estrella, Holanda llegó a la final, donde una vez más fue incapaz de derrotar al equipo local, esta vez Argentina. En el país sigue existiendo la creencia de que si Cruyff hubiera jugado, los jugadores habrían regresado a casa como campeones del mundo. Por cierto, Holanda sigue esperando ganar el Mundial...
"Si hubiera jugado, habríamos ganado el Mundial. Habríamos sido más fuertes con él. Creo que la gente se sintió muy decepcionada en su momento porque no fue", declaró años después el periodista Maarten Wijffels.
La historia de Johan Cruyff demuestra que ni siquiera la fama imperecedera del fútbol garantiza una vida feliz y tranquila. Al contrario, puede traer consigo varios escollos.

